SER CULTO PARA SER
LIBRE


viernes, 1 de abril de 2011

La guapeza...





            Hace ya algunos años, venía en mi vehículo de Cholula donde entonces moraba hacía la Angelópolis a desarrollar mis labores diarias, escuchaba en la radio una entrevista que le hacían a la mujer quizá más bella y distinguida que ha dado el mundo del espectáculo mexicano: “La Doña”, María Félix.
            El entrevistador le inquirió, ¿María, de todos los galanes con quien usted ha compartido su vida y sus amores, cuál ha sido el más guapo? Ella de inmediato sin pensarlo ni la más infinitesimal porción de tiempo, respondió; Agustín Lara. El periodista más que sorprendido por la respuesta, quiso que reiterara la respuesta cuestionando otra vez ¿Agustín Lara, el flaco de oro? – Él mismo respondió “La Doña”-  ,prosiguió el periodista - Por favor María, este hombre era de lo menos agraciado y diríamos que el menos guapo de los que le hemos conocido.
            Ella, sin más disparó estás palabras: Escuche usted jovencito, la guapeza (así adjetivó “La Doña” esta calificación para los hombres) no está en donde cualquiera la ve, sino en donde los sentimientos y en el corazón de cada uno de ustedes, - seguro, boquiabierto habrá quedado el entrevistador –
            Esta majestuosa mujer reanudó sus palabras indicando: Este caballero, refiriéndose al Flaco de Oro, ha sido el hombre con más guapeza que se acercó a mi vida: tenía a los dioses: Eros y Afrodita en los huesos torcidos de los dedos de las manos, cuando estos martillaban el marfil de las teclas del piano de cola, y las notas manaban de su corazón de tabaco y ron, de su corazón de ansiedad nocturna de Marías Bonitas y de Palmeras Borrachas de Sol. Este maravilloso hombre me compuso esa canción que hoy es un himno de todas la Marías del mundo, nos la compuso a todas las mujeres.
Esto de la guapeza es tema serio para la mayoría de los masculinos, unos lo aceptamos y otros no, sin embargo en mi no muy humilde opinión considero que esto de ser atractivos o no serlo es un tópico de todos los días, en todos los hombres en mayor o menor medida. Unos se tiñen los cabellos y los bigotes, otros hacen dietas hipocalóricas, algunos toman pastillas de estas que hoy se llaman productos milagro, por cierto he escuchado que nuestros hiperchafas legisladores harán leyes para prohibirlos, (pero mientras estos productos sigan generando cantidades considerables para las televisoras y estás se “Mochen” con los administradores de la ley, las cosas continuarán sin novedad).
Retomando el tema de la guapeza me gustaría referenciar esto que los conocedores llaman auto aceptación, y que según yo tiene todo que ver con el autoconocimiento personal, y por supuesto con el conocimiento del entorno. ¿Cuál es el objetivo de estas acciones que llevan a cabo los hombres, como es lo que mencionábamos antes de embellecerse el cuerpo, es decir el exterior?, me parece que la respuesta es muy sencilla, y es que no estamos enterados en verdad de que es lo que les parece guapo y atractivo a las mujeres.
No creo tener la razón absoluta de lo que mencionaré en seguida, porque siempre la excepción confirma la regla, pero estas son algunas de las características de guapeza de mayor relevancia según mis conocimientos empíricos y uno que otro científico, tomado de las lecturas especializadas en seducción: el hombre tiene que ser prolijo es decir limpio y no emitir olores o aromas extraños, dicen algunas mujeres que la higiene del calzado es fundamental, las uñas siempre limpias y bien recortadas no es necesario exagerar con un manicurista de renombre local, no se trata de ser un Adonis, lo que si es que hay tratar de no ser un gordo desparramado, aunque si se es así tampoco hay mucho problema sólo hay que utilizar otras técnicas quizá más depuradas.
Hacer deporte está bien, no importa si no eres un maratonista o un jugador profesional de futbol, lo que hay que cuidar es no tener cuerpo flácido y fofo, un poco de tono muscular es fundamental, de las ropas ¿qué diríamos?, pues sencillo, “ni tanto que queme al santo, ni tanto que no le alumbre”, que los atuendos sean una mezcla de vistosidad, modernidad y al mismo tiempo de sobriedad.
Pero lo verdaderamente importante, donde en verdad radica la guapeza de los hombres como lo mencionó la “Doña”, es en su corazón, incluso creo que los hombres más guapos son los más sensibles a la belleza de la naturaleza, a la música, a la poesía y a este machismo latinoamericano que llamamos pomposamente “caballerosidad”, me siento seguro en su totalidad que si los hombres logramos extraer de nosotros mismo lo femenino que todos llevamos dentro, y sentimos incluso como mujeres, les daremos a ellas lo que necesitan y obtendremos de ellas lo que nosotros precisamos.
La guapeza está en el trato que nosotros les damos a las mujeres, la guapeza está en el respeto que sintamos por nuestras madres, por nuestras esposas, por nuestras hijas, la guapeza está en la poesía, en las rosas que nunca deben de faltar entre hombres y mujeres, la guapeza está en las sonrisas que obtengamos de las bellas y hermosas mujeres…
Por ahora es cuanto compañeros…

             
        
          





martes, 29 de marzo de 2011

Al ratón Perez no lo engañas como quiera




Lo que sabe el ratón Pérez…

Dijo la mamá de Estrellita: Me mandaron llamar de la escuela de los niños, así que asistí y de lo siguiente me enteré: Sucede que en el salón de Estrellita a una compañerita se le había caído un diente justo ahí en la aula escolar; la niña que de nombre es Katia, (gordita, morenita y enorme de talla para aquellas edades, quizá esto se deba a los nuevos alimentos quesque balanceados llenos de hormonas de crecimiento y conservadores), pero bueno, el caso es que Katia muy emocionada le dice a la Miss, ¡Maestra, maestra, mire, se me calló por fin un diente!; Estrellita que ya conoce esta experiencia por sus hermanos: Guga el mayor y Pepeka el menor, pues a ella todavía no se le cae ninguno, puso ojos alertas y rostro de suspicacia.
La maestra se acercó hasta el pupitre de Katia, llevó en la mano un “kleenex” para limpiar las gotas de sangre que había en los labios de la niña por la pérdida del incisivo, y ambas se regocijaron del acontecimiento que da comienzo a un ciclo de la infancia que de una u otra manera todos hemos tenido que vivir, que es: el de ser chimuelos.
La clase continuó, la Miss le había recogido el diente a Katia para que este no se extraviara, la maestra lo puso sobre su escritorio dentro de una tapa de algún frasco, la clase continuó como de costumbre entre enseñanzas, risas y sonrisas de estos pequeños párvulos, pues esta historia se desarrolló en un kínder de las tierras lejanas de la Vera-Cruz, y pues bueno, las horas pasaron, y llegó en momento del recreo y luego la magnífica hora de la salida, podría dar fe verdadera que todos lo que pisamos la escuela nos encantaba la hora de partir a nuestras casas…
Niñas y niños prepararon sus útiles dentro de las consabidas mochilas y los recientes back packs (que por cierto ahora son rodantes), en ello se hallaban, cuando Katia se dirigió a la maestra para pedirle que le diera su diente, la maestra tornó el rostro hacía su escritorio para ubicar el mismo, y sorprendida se percató de que este como se dice: “había volado”.
Se cernió en la atmosfera del salón una densa nube incolora de ansiedad… - Pues, ¿Dónde se hallaba el diente?, la Miss detuvo todo lo que hacían los infantes y les cuestionó diciéndoles ¿Niñas y niños, aquí en mi escritorio deposité el diente de Katia, quién lo cogió y a donde lo tiene? y amenazó con lo siguiente: si no aparece, no nos vamos a nuestras casas…
Las inocentes crías se miraban unas a otras sin saber la mayoría de ellos que ocurría, la maestra insistió en saber el paradero del diente, así que al no recibir respuesta de los chiquillos, se pronunció por examinar mochila por mochila de cada uno de ellos… no llegaba al final de la requisa cuando le llegó el turno a Estrellita. La Miss, con la anuencia de la enigmática y silenciosa en ese momento estrella de nuestro relato, dio inicio a la indagatoria dentro de la mochila de la infanta, no había sacado la maestra ni dos cuadernos cuando como por el arte de los artilugios un mago fabuloso, nuestra pieza dental iluminó el rostro de la Miss. La maestra se volvió a mirar a Estrellita y le inquirió ¿Por qué está aquí el diente de Katia? Estrellita indignada contestó, ¡Es mío! Pronunció estas palabras haciendo esfuerzos denodados por no mostrar su dentadura cubriéndola con los labios, por lo que no podía hablar con soltura, la maestra insistió, este el diente de Katia, ¡No!, repuso Estrellita, ¡Es mío!, sin dejar de hacer los fervores para que no se pudiera ver claramente su dentadura completa. La maestra un tanto molesta le dijo a la niña, Estrellita esta pieza dental es grande como los de Katia, los tuyos son pequeños.
Estrellita, haciendo mohines de enojo y desconcierto… medio aceptó lo que la maestra decía. Esto fue lo que hablo la maestra con la mamá de nuestra Estrellita.
La madre de Guga, Pepeka y Estrellita, ya en la casa y posterior a los sagrados alimentos, dijo: En esta familia hay un robatero o una robatera, (termino de la jerigonza infantil doméstica), así que los voy a dejar para que hablen entre ustedes que son los hijos de la familia y sepan quién nos puso en vergüenza y a ver qué haremos al respecto.
La mamá sabia como todas se dispuso a escuchar agazapada por ahí el debate respecto al “robaterismo”, dio comienzo Guga que es el mayor reprendiendo a Estrellita, le dijo muy serio y muy molesto, ¿Estrella para que hiciste eso?, ¿Qué nos sabes que ser “robatera” no es bueno?, la niña se defendió con poco ahínco, ¡Yo no fui!, Pepeka el otro hermano también la reprendió diciéndole que “si” había sido ella y la cuestionó, ¿Para qué lo querías si ese diente no es tuyo?, Estrellita sin poder más con la presión fraterna, se descosió de los labios y respondió, por cierto muy enojada, ¡Bueno ya!, quería el diente para ponérselo al ratón Pérez y me dejara dinero.
Ambos hermanos no pudieron dejar de sorprenderse por la osadía de la pequeña de la familia. Tomó la palabra el Pepeka, (hermano de en medio como se le dice al familiar que nace entre el mayor y el menor), y le dijo a Estrellita, reprendiéndola y al mismo tiempo informándola de la sabiduría del ratón Pérez: Estrella, ¿Y qué pensabas, que podías hacerle trampa al ratón?, él se iba a dar cuenta que no es tu diente y no te iba a dejar ningún dinero ni nada.
Por ahora es cuanto compañeros…                  
  
     





miércoles, 16 de marzo de 2011



Día internacional de la mujer

Aparta tú vista de la mujer hermosa y no fijes los ojos en la belleza ajena: muchos se extraviaron por la belleza de una mujer, y por su causa el deseo arde como fuego.

Eclesiástico 9:8
Biblia Católica.

El 9 de marzo de 2011 fue el día internacional de la mujer, y me pregunto ¿cómo interpretar la cita anterior de la Santa Biblia Católica?

Que difícil pensar que la belleza femenina esté condicionada y relacionada a la iniquidad, al pecado y a la ignominia, me molesta sobremanera este tipo de mandatos en las escrituras del catolicismo, (no he hallado estás mismas palabras en La Biblia que usan las iglesias protestantes), cuando menos el libro Eclesiástico no aparece en las escrituras protestantes.

Entonces, ¿cómo le hacemos sin nos gustan las mujeres bellas y hermosas?, ¿renunciamos a ellas, o si nos tocó una esposa de buenas formas como también se menciona en la biblia, nos divorciamos o mejor aún ni nos acercamos a esta clase de mujer? Entiendo que hay que leer entre líneas la Escritura, sin embargo, que complejo encontrar una explicación o una interpretación positiva a esta sentencia bíblica.
    
Mi postura ante la mujer en general es radical como casi todos mis posicionamientos, es decir, en palabras nada retóricas y totalmente de uso común, ellas, las mujeres, en general son chingonas en extremo y para ello basta un botón; qué tal si mencionamos a la madre de cada uno de nosotros y (nosotras, como horriblemente mencionan los panistas). No dudo que algunas personas no tengan en buena opinión a su madre, sin embargo es muy poca esta gente.

Quiero elogiar y glorificar a la persona femenina comenzando por la que me parió hace ya 47 años, ¿tuvo muchos errores? Si, con ella viví también grandes sinsabores, aún todo aquello fue sin duda una mujer excepcional: trabajadora casi desde niña, excelsa hermana, esposa mediana, maravillosa hija, matrona dura y estricta, pocos arrumacos le salían… pero de una inigualable capacidad de abnegación para con sus críos… le puso nombre a muchos de nosotros.

También elevo loas inconmensurables para aquellas mujeres que me dieron hijos, y para con las que he compartido mis amores y mis corazones.

A la hija, a ella, también mi reconocimiento, aún con sus escasos aunque ella crea que son suficientes años, ha dado muestras fehacientes de haber adquirido los hábitos necesarios para una buena vida, es decir una vida útil y feliz. Mis bendiciones también para ella.

Y a Eta, mi amor; para ella de igual forma mis reconocimientos: a su belleza intrínseca de madre sexy, generosa y desprendida, de trabajadora indómita y lectora consumada.

No me cabrían los espacios para desbaratar el léxico castellano en agradecimientos, en loas, en diplomas, en caricias de manos en palma y de agasajos lingüísticos, para todas las bellas y hermosas mujeres. Las conmino, las invito y las exhorto a no ser mujeres de un solo día. Me agravia que haya sólo este día como reconocimiento para ellas que traen la vida dentro, que tienen la bendición de gestar a otro ser en sus entrañas… son ellas las que deberían darnos a los hombres niños un día, sin embargo las cosas no son siempre como deberían ser, son como son y me consuela esta frase: Todo es para bien, y lo que hoy parece muy malo después será muy bueno.

Que las mujeres, lean, que corran y que recen. Y por favor ya que comiencen a gobernar el mundo, los hombres han dado muestras fehacientes de bajo perfil para estas labores…

Por ahora es cuanto compañeros.

Carlos López Carmen

14 de marzo de 2011
8.46 PM



             





martes, 22 de febrero de 2011

AL FINAL DEL CAMINO


Me dijo mi amigo – Arlos, Eranza está muriendo –
Me quedé en silencio unos instantes, a su voz se le veían las lágrimas por el inevitable viaje de su madre camino al del Gran Espíritu…
Edro, le contesté -posterior a un silencio inevitable- Conozco de corazón lo que sientes, pues la mía madre ha hecho lo mismo hace ya algunos años, su voz grave de gotas de agua sonrió, le dije. - Voy a para allá en cuanto sea el momento -
Más tarde me enteré que en efecto nuestra Eranza ya había alcanzado la puerta del único lugar que seguro visitaremos todos. Me dispuse a ser el hermano que me gusta ser con mis hermanos, en momentos como este.
Avisé a una o dos personas más de los acontecimientos, y marché al encuentro con Edro y del único cadáver que nunca muere para el que él, que ha sido su madre. No me costó trabajo el transito, pues habiendo cabalgado mi rocín lo fustigué y fuimos para allá…
Llegué y me abracé de Edró, y sólo lo abracé… no dije ninguna de esas insulsas y vacuas palabras a las que les llaman: pésame.
El muerto al hoyo y el vivo al gozo, esta frase tiene para mi tiene todo de verdad… y volvió a cobrar vida en esta noche que se esperaba cansada, y de amor compartido para Edro mi amigo. Comenzó la espera, nos iniciamos en acompañar a Eranza. No la conocí, y sin duda daría fe de que su trabajo de madre lo hizo bien y con creces, pues como rezan las palabras escritas en la Sagrada Escritura: “Por sus frutos los conocerás”
Ella, Eranza, formó a Edro mi amigo a fuerza de cepillos rotos y de amores plagado, lo ordenó en las gregorianas músicas, lo inició en los misterios de las letras, en las historias, en las leyendas y en la canciones infantiles de cuna y en las de Cri-Cri…
Lo acunó hasta el fin de los días… lo hizo niño, lo vio adolecer, lo maduró y no sé si se hizo él o ella lo hizo hombre, lo que sí sé, es que Edro mi amigo es un hombre de verdad, y un hijo de verdad, un esposo de verdad y un padre verdadero y amoroso.
Continuamos escoltando a Eranza y lo acompañamos a él, estuvimos los amigos, los no tan amigos, las familias y las que no lo son tanto… el momento verdadero de la velación inicia cuando con el muerto sólo estamos lo que debemos estar, cuando las cribas de la fortaleza, los filtros del amor y cuando los tamices de la amistad han retirado a los que se han de ir a descansar, de a los que nos quedamos a descansar con ella.
Ahí estuvimos sus hijos, sus nietos, sus nietas, sus amigos y los amigos de sus hijos… conversamos en voz baja, como para no molestarla de su sueño maravilloso de suaves y sutiles músicas celestiales de color pastel.
Leímos un poco las palabras de la Hoz, nos dijimos las cosas que debíamos decirnos, y nos cobijamos los fríos con las compañías de los que nos quedamos con ella. Los minutos y lo que ellos componen se fueron acumulando sin prisa pero sin pausa, y así como quien no quiere la cosa, como sin darnos por enterados, la luna le cedió su lugar al astro rey. Él con sus luces, y con sus vigores nos despertó, y nos alertó para lo que seguía, fui con Edro y con su amiga a los exámenes, compramos vituallas y nos las comimos, sonreímos un poco, conversamos y partimos camino a donde ella nos esperaba paciente y amorosa como lo fue en cantidades incluso más que suficientes, lo sé por lo que se ve.
Ya en la sala de vigilia nos dispusimos a esperar al prelado que rezaría la ceremonia de difuntos, para entonces los demás llegaron, los que habíamos con ella pernoctado ahí continuamos. El hombre de la toga ritual apareció y en el altar comenzó a descargar los arreos y los bártulos para la celebración.
Dio inicio persignándose a sí mismo con la mano derecha, pues la siniestra para esto no se emplea, los demás lo imitaron, por mi parte preferí no hacerlo. Y así, rezamos la misa para el descanso eterno de Eranza, no creo en esto porque más bien me parece que los que se mueren, ni se mueren, ni necesitan de nada, ni de nadie más… sin embargo estábamos ahí por amor.
El rito prosperó, y al fin y con el reparto de los panes y las consabidas paces que nos dimos los unos a los otros, el hombre de la toga magisterial nos dio la bendición a nosotros y a ella también – dijo – podemos ir en paz la misa ha terminado.
Fui a beber una infusión y a prepararme para el cortejo hacía la última morada de para entonces mi querida Eranza. Terminé mí bebida y escoltado por Eta, mi amor; por Guel y Elí amigos también. Montamos en nuestros palanquines y los conducimos con la magia de sus propios caballos de fuerza con destino al campo santo.
Llegamos al sitio de reunión y ahí estaba Edro, sus niñas, su mujer, otros. Nos adherimos a él nosotros sus amigos, sus escoltas de corazón, estuvimos ahí para abrazarlo, para quererle y sólo para ello… guardamos silencio, hicimos un mutis de amor, de cariño y de compresión.
Y esto fue así porque como dijo Edro que él si es un sabio: estamos en silencio porque todo está claro, en cambio, cuando hablamos y hablamos… hacemos esto por la inmensa necesidad de clarificar nuestra obscuridad.
Los dejamos ahí nosotros sus amigos, para que ellos se despidieran en paz de ellos mismos…
Por ahora en cuanto compañeros…
       

martes, 15 de junio de 2010

LA OTRA VARIEDAD...



¿Cine u otra variedad…?

Sugiere…

Velas, Sadé, oscuridad, dolor, placer, clímax, cokes, incienso, caricias…

Allá nos vemos.

Aquí espero.

Ella llegó… Y cantó el silencio de la noche con el detonar de los cascabeles de las yeguas de la calesa, trajo consigo una ofrenda… aun sin saber si para ella o para él.

Cruzó el umbral de la primera mampara, la próxima estaba abierta y anochecida como las fauces de un lobo en busca de hambre y de celo… la media oscuridad o la media luz que inundaba las paredes y los vacios, hacían sombras de bártulos y enseres en nubes de luna.

A la llegada se desembarazo de la valija de seguridad, se desenfundó el yugo de las señales de los humos de fuego, y se dispuso a obedecer en rebeldía…

Él se apoltronó en el love seat, descamisado y fresco, desfachatado e impúdico como son los amos con los siervos de esclavitud, la miró con ojos de infierno dantesco y de calor mefistofélico, con astucia maquiavélica le tronó el primer mandamiento, ¡Quita las ropas de las laderas de tus caderas! Paralizada ante la ordenanza y trémula de pavor, además de húmeda de pasión, dio comienzo a acatar la orden recibida… otra vez un sonoro relámpago prorrumpió del hocico de animal en ardor del Señor Feudal, ¡Lento… hazlo lento y suave! Ella trepidando de pánico, sólo asintió y detuvo sus movimientos afanosos por unos más sensuales e hipnóticos…

Ahora si… las músicas y las luces mortecinas de las parafinas, enmarcaron los sugestivos meneos de Zarité la esclava en turno, apenas ella lo distinguía, pues agazapado en la oscuridad a medias de la estancia aquella, misma que había sido tantas y tantas veces transfigurada en cuartel el general de sus más recónditos instintos de intimidad.

Él se delectaba auspiciado por los que los luceros de su rostro, descubriendo en cada una de las suaves oscilaciones de la vasalla sus más intensos deseos… le excitaban la mansedumbre subversiva con que ella mostraba sus afanes, la mujer fue y vino hacia donde los deseos del soberano dieron tino. Se acercó la esclava al emperador en pretensión sumisa, y él, con un desdén soberbio la alejó con tan sólo un mohín de brazo ejecutor… sin remedio ella obedeció por enésima vez y porque así debía de ser.

Con miradas de cordero de recinto, y sabedora de que sería la presa de inmolación, gustosa y sin remedio… alejose para seguir siendo observada y delectada por el dueño de su alma y de su vida.
Reiteradamente, ella sin permiso vino otra vez hacia él, y su Majestad, benévolo esta ocasión suavizó su trato y le tactó las laderas de sus caderas desnudas y vibrantes, ella entornó los ojos al suave contacto del amo… su interior le intuía disfrutar, pues desconocía cuando daría comienzo el sacrificio al dios de los amores violentos de la pasión.

La mimó más y más, con las manos de huesos y con los dedos de ejecución… los ojos entornados de ella y los labios brotados del rostro manifestaban el trance extático por el que estaba siendo conducida. Sin misericordia, el dueño de ella la envió hacía allá… ¿Por qué, esa gasa negra que deja mirarte el corazón? - Increpó el amo y señor de la noche – La sierva enmudecida, no sólo no respondió sino que se postró en dirección a su maestro y mentor en un acto de sumisión y religioso respeto, él acepto este de gesto de humillación de la carne y asistió a alcanzarla al diván de allá.

La tomó por el talle, la tornó de tal modo que la espalda de ella se miraba de frente con el pecho estrellado de él. Sin el más mínimo miramiento posó la mano derecha en la mitad de ella, y la izquierda en el nacimiento de las vertebras, con un fugaz y burdo mover de macho de manada, la doblegó sobre el sillón, quiso ella luchar… sin embargo, era una batalla perdida, el comenzar a hurgar en las recónditas y escarpadas quebradas de las intimidades de la esclava, ella, la sierva, se estremeció de temor y de placeres mal sanos… el Señor Feudal dio comienzo a una excursión por las llanuras y estepas de toda la geografía de la súbdita…

Bocabajo y yacida sobre un promontorio que le exponía el ecuador de su cuerpo, bello y salino sabor de mar, como una mágica montaña que en la cima sostenía la estrella polar que orientaba las codicias del amo, él se detuvo… pues iba a embestir cual mítico minotauro a su frágil presa: para mirar, observar y deleitarse de esas carnes apenas perceptibles en los escasos visos iluminatorios de aquel recinto…

La súbdita con los ojos de oscuridad no podía mirar nada, sólo olía el respirar de su dueño, y entre suspiros y sollozos, gemidos y latidos desbocados de su palpitante entraña, esperaba la avenida humectante de sensaciones intrigantes, pues no daba si serían de dolor o sólo de placer, o la mixtura de ambas dolencias…

El amo dio inicio al rito carnal de poseerla sin tocarla, de hacerla suya distante, de tronarle enmudecidos rugidos de felino.

La impregnó con efluvios espesos de manos lánguidas sobre la escoliosis de su espalda, la entrepierna de la bella y sometida hurí de serrallo extravagante, pedía a lloriqueos lacrimosos de hembra magnificente y generosa, atención de los tactos de huesos de su amo y señor…
Él, digno como todas las majestades, solazaba sus vistas en las convulsiones descompuestas de la pequeña de tamaño, y enorme de voluptuosidad cautiva, reptaba ella como áspid de oriente o como cobra egipcia, sobre los textiles salpicados de ella misma, al son de sus necesidades, al ritmo de sus canículas.

Llegó el momento, vino el instante en el que ella sin más no poder contenerse… como una loba herida aulló a la luna del amo, para que este con ella le aluzara la oscuridad eterna en que estaba inmersa, y le desatará los ojos anudados a toda su piel… pedía misericordia, compasión y piedad…

Como ambas manos la tomó por la mitad de ella, y con su enhiesta fortaleza la impregnó de sí mismo en una sola irrupción, sin asomo de caridad u otra forma de conmiseración… se unieron en un alarido, en un contubernio, en una complicidad… nunca antes por ambos conocida. Las mareas de ambos ríos se confluyeron en una bocana marina, que azotadas por las caderas de sus cauces, espumaban en olas de humana deidad amorosa y sensual…

Olvidaron sus condiciones morales, él se arrancó las vestiduras de majestad y ella se le subió al rostro para hacerse lo que se estaban haciendo de igual a igual, ella eufórica y transida de sumisión boqueaba como pez sin agua, él jadeaba ondulando su cuerpo sobre el de ella como un enorme y mítico molusco de hierro candente, no supieron que estaba ocurriendo… se les hizo un hoyo en el tiempo.

Guerrearon sin descanso, ella como una Juana de Arco, loca y llena de visiones que la conminaban a someterse al bravo Quijote, avasallador de sublevaciones de la carne y del espíritu… se comieron las carnes, se abrevaron las aguas, se laceraron con uñas y dientes… se amaron con y sin piedad… y se dieron sin medida hasta quedar como yertos en un doméstico campo de batalla.

Se treguaron los cuerpos y las almas, ella a medias vacía y él lleno a rabiar, sin embargo en un concilio de afanes cansinos se permitieron respirar suave y con compás. El amo la liberó de su peso y la vasalla llenó sus pulmones del aire caluroso que había sido venteado por su majestad. Se apoltronó de nuevo en el love seat, cátedra desde la cual había comenzado todo con las miradas de él. Transida y boca bajeada, la cautiva sólo estaba ahí al parecer sin estar… apenas perceptible su respirar por el lomo de su espalda se percibía, las velas a medio iluminar, Sadé y sus notas a medio sonar, el placer y el clímax desbordados se arrastraban por los pisos ajedrezados de baldosas viscosas de ellos mismos, los inciensos sin olor…

Todo estaba ahora apagado… lánguido, hasta el aire se había enrarecido de las erupciones de volcán en que los amorosos lo habían convertido, desde el sillón de amor la miraba con destellos infernales de macho cabrío, ella con la cabeza guindando del sofá apenas reojeaba la mirada por los rabillos de sus ojos… los cabellos, los sudores y las salivas le languidecían desparramándose en gotas surrealistas como en un Dalí, en extrema delectación, el caudillo sentíase dueño de ese cuadro que hacía poco, él mismo había creado…

Los minutos se trastabillaban los unos sobre los otros, mientras los amantes se descansaban los cuerpos y los huesos, extenuada y distendida la esclava sobre el sofá, él, jadeante de más deseos y voluntad insatisfecha de amo… al cabo de los tiempos que hubieron transcurrido, las sangres comenzaron a congregarse en sus lugares y el hombre se levantó de la poltrona… gimió el sillón y al suave susurro la esclava logró entreabrir los ojos, sólo para mirar con angustia que un gran y doloroso placer se cernía como ave de muerte sobre ella y sus carnes…

Fue tomada suave y por la fuerza, siendo impelida sobre las baldosas de ajedrez, no sin la misericordia de antelación, con que hubo sido puesto un almohadón henchido de las plumas de las aves de los paraísos venéreos. Postrada ahí y sobre los escaños, la bella y sumisa hurí de serrallo, sin más nada que hacer, tuvo que satisfacer los gustos perversos y amorosos de su Señor. De tal manera la posicionó que exponía al alcance del Rey de reyes sus más íntimos secretos que dicho sea con verdad… de ella para él no existían. Él le conocía todo y le dominaba todo…

Abrió aquella flor carnívora de par en par con las manos de huesos y con sus fuerzas… el viento de sus pulmones esclavos como ella misma, silbaron quejidos sabrá dios que, si de amor, de satisfacción o de dolor. Como toro de lidia ganador sobre su engañador la acornó despiadado, brutal y de pasión maquillado… fue un ir y venir suave y firme, como las olas de los mares aquellos que no se detienen ante nada, ante ningún dique… los oleajes subieron de tono y de nivel hasta desbordarse casi sobre los causes que las contenían.

Las pieles de ambos perladas de los afanes de ambos chispeaban por las luces de las parafinas, él dando y ella recibiendo… o quizá fuera al revés, ya no estaban en condiciones de saber nada, actuaban bajo los influjos de ignotos sentimientos y emociones…

Se acercaba la postrimería… el ocaso… desguanzada y sonriente fue conducida a la otra cámara de inmolación, arrojada sobre la piedra de sacrificios, quedó como una muñeca de juegos infantiles inmisericordes, su dueño la acomodó con paciencia de santo y con ternura de rosas… Y sólo esto para satisfacerse así mismo... pues ella, la favorita del serrallo lo estaba ya y en demasía.

Así, tras un barritar de mamut prehistórico, el amo se desguanzó sobre la víctima de sus amores, afanes y dueña de sus torturas…

Es cuanto compañeros.

Carlos López Carmen

16 de mayo de 2010